Menos brillo, es mejor a veces.
Porque a veces tengo la vista cansadilla, ¡lógico!, dado lo que la uso. He probado unos días la práctica de Tomás de reducir el brillo de la pantalla todo lo posible, (no hasta el límite, como hace él).
Si ajustándola noto que la pantalla se percibe más o menos como un papel escrito, ¡ole!, parece que mi vista lo agradece. Esto es, a mi parecer, mucho más importante en un entorno muy oscuro, tal como mi habitación sin más luz que la que entra por el balcón, en ese caso la pongo al mínimo que admite.
No lo tengo al límite. Si hay 20 ‘rayitas’ lo pongo entre el 8 y el 10 (o sea la mitad o un poco menos) que es lo que dice la ergonomía que debe estar el brillo de cualquier pantalla. De hecho según esta ciencia el brillo tiene que estar al mínimo posible y el contraste sobre un 60% a 80%. Apple, que se pasa por el forro del iPhone eso no tiene ni control de contraste. Mis monitores profesionales (unos TFT Sony de 17″ y Dell de 24″) tienen control de contraste y en ambos los tengo de entre 15-30% de brillo y entre el 60-75% de contraste. El canal alfa al mínimo hasta que pongo algunos juegos que requieren ajuste.
Y así intento conservar la vista.
Hay otros, maqueros de pro, que como ven tanto como un gato de escayola tiene que poner el brillo de la pantalla al máximo…